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Soy asperger y puedo hablar por mí misma

Estos días se habló mucho sobre el asperger en los medios, y más allá de que esto se haya generado por un episodio lamentable, y por la cantidad de información errónea que también circula, bienvenido sea.

Pero me llama poderosamente la atención todo lo que se llegó a hablar sobre nosotros, sin casi siquiera preguntarnos a los aludidos. Por ejemplo, leí una nota titulada algo así como «Asperger en primera persona: habla la madre de un…». Es decir, hasta cuando dicen tratar el tema en primera persona, lo hacen en tercera y, para colmo, te venden la nota como si esa fuera la voz de la propia persona asperger. Ahora resulta que, además, somos Muppets, que necesitamos que otros nos pongan voz.

Soy asperger y puedo hablar por mí misma. Puedo decir, por ejemplo, que la violencia no es innata en el asperger. De hecho, desde muy chica repudié la violencia hacia los animales. Pero, como somos parte de esta sociedad —la cual está cada vez más violenta—, como cualquier persona, algunos de nosotros pueden tener actitudes violentas. Pero eso es por ser humano y parte de esta sociedad, no por ser asperger.

Sobre el hecho acontecido sobre el niño que fue separado de su clase, por lo que manifiestan, no presentaba actitudes de intencionalidad violenta, sino crisis. Las crisis en el asperger siempre son disparadas por algo, por alguna situación —ya sea, cambio de rutina no anticipado, saturación sensorial, alguna sobre-exigencia—, y se resuelven trabajando sobre esa situación, para volverla más inclusiva hacia esa persona. Ser inclusivos no es tener a un chico en el aula y decirle: «Almoldate a cualquier costo, rompete en pedacitos para encajar». No, ser inclusivo es trabajar para que el lugar sea apto y ameno para todos, sobretodo, para el vulnerable.

También puedo decir al respecto, que un cambio de rutina como trasladarlo de clase, dudo que sea beneficioso. Al contrario, es lo más anti-terapéutico posible. ¿Que no se podía convivir con las crisis del niño? Hubieran trabajado sobre los detonantes. Incluir da trabajo, es incómodo para el resto, ¿para qué cambiar, si así nosotros—los normales— estamos bien? Mejor no hacer nada, y cuando la bomba explote, que el diferente se vaya. El festejo de las madres porque lograron segregar al niño que les molestaba, deja en claro la poca sensibilidad que han tenido como para esforzarse en incluirlo.

Soy asperger, y puedo decir que no sufro mi condición, que lo que sufro es la ignorancia ajena. No sufro, por ejemplo, no captar todos los gestos o las intenciones de las personas, si el otro es sincero y habla de frente. No sufro estar con otras personas, si estas no tienen prejuicios y son inclusivas, y respetan mis particularidades.

Soy asperger y puedo hablar por mí misma. No me endosen ni una voz que no es mía, ni una violencia que no me es innata, ni una realidad sufriente que no me representa.

Analía Infante

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Educar para la diversidad

Estos días me preguntaron sobre cómo se podía abordar con los hijos el tema de su diversidad neurológica, en el momento en que otros niños empiezan a hacer comentarios al respecto. Debe haber estrategias terapéuticas para abordar este tema —de las cuales no estoy en conocimiento, ya que mi niño aún no se hace esas preguntas—, pero más allá de cómo enfrentemos este tema puntual, creo que ninguna estrategia funciona si, en lo cotidiano, no educamos para la diversidad. Sigue leyendo Educar para la diversidad

Esta jodida sociedad discapacitada

 

Cuando tu hijo recibe un diagnóstico de los catalogados como «discapacidad», inmediatamente comprendés que tendrás todo un camino por recorrer, y que este va a estar influenciado por ese diagnóstico; pero sabés que por tu hijo cualquier esfuerzo vale la pena y, aunque puedas ver todas las capacidades que él tiene, terminás aceptando que rotulen a tu hijo por su discapacidad, hasta esperás conseguir un certificado que te valga de comprobante, si es que eso sirve para que se reconozcan sus derechos.

Pensás: «Necesita amor, tratamientos, terapias —lo que sea que necesite—. El amor nuestro ya lo tiene, el resto lo iremos incorporando». Sabés que no será simple, pero en ese momento —pobre inocente— no te imaginás cuánto. Porque la sociedad, esta jodida sociedad, no te la va a hacer nada fácil. Sigue leyendo Esta jodida sociedad discapacitada

Pettinato: Tenemos autismo, ¿y qué?

Señor Roberto Pettinato:

Le recomiendo sentarse y tener a mano un vaso de agua fresca que lo ayude a pasar el mal trago, porque lo que le voy a decir tal vez pueda resultarle muy fuerte, casi censurable: Soy una persona en el espectro autista que, para colmo, se atrevió a tener un hijo con la misma condición.

Si la taquicardia que le produjo mi declaración anterior se lo permite, lo invito a seguir leyendo:

Supongo, luego de sus declaraciones en las que compara la inclusión de un personaje con autismo en un programa infantil con la inclusión de «asesinos» y «mafiosos», que le parecerá realmente escandalizador enterarse que las personas con Autismo somos parte de esta sociedad. Y no solo eso, ¡sino que además tenemos derechos! Lo cual, para usted, debe ser el colmo de la obscena diversidad, que nosotros los «raros» respiremos el mismo oxígeno que las personas como usted, los «normales». Sigue leyendo Pettinato: Tenemos autismo, ¿y qué?