Archivo de la etiqueta: Crianza respetuosa

Como a nadie

No, tu hijo no te pide brazos más que a nadie porque te tomó el tiempo;
tu hijo te pide más brazos que a nadie, porque a nadie necesita sentir tan cerca como a vos.
No, tu hijo no hace más berrinches cuando está con vos porque te ve insegura con los límites;
tu hijo hace más berrinches cuando está con vos porque te ve como lo que sos:
la persona en la que más puede confiar sus frustraciones.
No, tu hijo no es más miedoso cuando está con vos;
tu hijo tiene miedos que sabe que solo puede confiar en vos,
porque sos la persona que más lo hace sentir comprendido.
No, tu hijo no está esperando que llegues para descargar porque te ve débil de carácter;
tu hijo está esperando que llegues para descargar lo que desde antes sintió y no tuvo compartir.
No, tu hijo no es mamero, no es pollerudo, no es caprichoso;
tu hijo es un niño como cualquier otro, que necesita sentir a su madre,
tenerla cerca, compartir sus sentimientos.
No, tu hijo tal cual es hoy, no lo va a ser toda la vida;
con el tiempo tu hijo va a encontrar otras formas de ser hijo, y vos encontrarás otras formas de ser madre.

Derechos de autor y propiedad intelectual:

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El autismo y la dejada de pañales respetuosa

¿”Más rápido” significa “mejor”?

Hace un año y medio logramos un objetivo que parecía casi imposible: ¡la dejada de pañales!
No era algo que parecía imposible por falta de noción de los procesos fisiológicos, al contrario: eso estaba clarísimo. El problema era el cambio de rutina. Los papás de nenes en el Espectro del Autismo, saben lo difícil que es modificárselas , y más cuando se trata de un cambio material: pasar de pañal a inodoro y calzoncillo o bombacha.
Nuestro objetivo era hacerlo de manera respetuosa, es decir: convenciéndolo y no forzándolo. Aunque tengo que confesar que llegamos a dudar si realmente lograríamos hacerlo de ese modo.
He llegado a pensar si llegado a determinado punto en que no funcionara nada, no iba a terminar sacándole los pañales de una y acompañándolo en el proceso de angustia. Porque seamos honestos: todo el tiempo los padres hacemos cosas que no respetan su deseo, porque sabemos que son necesarias: cambiarles los pañales cuando no quieren, bañarlos si son bebés que no les gusta el agua, llevarlos al pediatra, sacarles sangre para hacerles análisis. Y es todo un arte saber diferenciar qué situaciones pueden seguirse trabajando, a reconocer cuando se está caminando en círculos… arte imposible de dominar al 100%.
Ya teníamos como experiencia cuando una profesional nos dijo que le sacáramos el chupete (el cual era su objeto de apego, al punto de que dormía con uno en la boca y otro en cada mano) así, sin más. Nosotros nos negamos, porque sabíamos que él canalizaba mucha ansiedad con ese objeto. Y así fue que, cuanto mucho dos meses más tarde, él decidió dejarlo solo, sin llantos y sin angustia: esperando sus tiempos.
Así que ese era nuestro objetivo: respetar sus tiempos.
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Los bebés que lloran ¿se portan mal?

Cuando mi hijo era bebé, una vecina me dijo que él era muy buenito, porque nunca lo escuchaba llorar.

Cuando llegué a mi casa y le conté a mi marido, me preguntó en tono de broma si la mandé a revisarse los oídos, ya que nuestro bebé por esa época lloraba gran parte del día, producto del reflujo y demás dolores gástricos, sumado a los desórdenes sensoriales. Sigue leyendo Los bebés que lloran ¿se portan mal?

Las reglas de la crianza con apego… y otros prejuicios

reglas.jpg¿Es posible que criando respetuosamente, causemos traumas a nuestros hijos, por pequeños matices conceptuales? ¿Puede ser que la crianza sea una actividad tan reglada que no permita la más mínima variación?

Soy partidaria de la crianza con apego, y me encanta leer a profesionales que investigan sobre el apego seguro y sus beneficios. Pero hay algo en lo que voy a disentir con quienes conciben la crianza como una actividad de la que solo se sale airosa si se sigue a rajatabla ciertos conceptos: la crianza debe ser —ante todo— un acto de amor y propio razonamiento, no un acto de cumplimiento de acciones, como quien va tachando una lista de supermercado.

No soy entusiasta ni del cuento de papá Noel, ni de las mentiras. Pero nunca se me podría pasar por la cabeza que un niño quedaría traumado por enterarse la verdad sobre el mágico personaje. Los niños crecen, y estoy segura que si recuerdan la navidad como un mal momento, nada tiene que ver lo de papá Noel. Y si lo recuerdan como uno bueno, será por lo compartido en familia; con fantasía o no de por medio.

También se dice que a los hijos hay que elogiarles el esfuerzo y no el resultado, para que sientan que no estamos interesados solo por el éxito. Bien… Tal vez, en el momento en que nos traen ese hermoso dibujo que tanto los emociona, a algunos les salga hacer ese razonamiento y elogiarles el esfuerzo. Pues, a mí no. Yo me entusiasmo a más no poder y lo lleno de elogios, porque prefiero decirle lo que siento en el momento, como me surja, y no creo para nada que pueda causarle ningún trauma, si él que ve lo que le digo es auténtico. No tengo la menor duda de que ellos son más intuitivos de lo que creemos y se dan cuenta cuando sentimos realmente lo que les decimos y nuestra intención. Mi hijo tendrá objetivos exitistas, solo si yo lo crío exigiéndole logros, no si lo felicito por un dibujo.

Muchas madres dudan de su maternidad cuando, por un desliz, cometen uno esos pequeños «errores», y le dicen a su hijo: —¡Qué hermoso dibujo, Juancito! —, y no saben si inmediatamente deben salir corriendo a una psicóloga de turno para que le cure el terrible trauma que le acaban de endosar a su hijo; o cuando se dan cuenta que el año anterior les hicieron el cuento de los regalos de Navidad y ahora leyeron que el niño puede tomarlo como un engaño, y por poco quisieran que vinieran los hombres de negro a borrarle la memoria a su hijo y reparar su horrorosa mentira.

Y no digamos  si la madre que implementa uno de esos métodos es otra. Entonces directamente se puede llegar a hablar del trauma del niño casi como si fuera un niño deprivado….

¡Paremos un poquito la mano! Hay muchas formas de ser buenas madres, y las hubo en todos los tiempos. ¡Sí!, Juraría que incluso antes de que existieran los libros de crianza había buenas madres, y algunas felicitaban a sus hijos por su hermoso dibujo rupestre y otras por la dedicación que le había puesto —aunque, seguro que en esos tiempos, ya alguien también se metía a opinar sobre cómo debían criarlo—.

Podemos dar miles de ejemplos, en los que tomamos literalmente cada concepto y terminamos siendo más Gonzaliztas que González. Pero creo que la respuesta de la crianza respetuosa es mucho más simple que eso. Creo que la respuesta sobre cómo criar respetuosamente a nuestros hijos, tiene que ver con la intención que tienen nuestras acciones. Eso es lo que los formará como personas, y lo que recordarán con alegría o con dolor.

Aclaro: No es un crítica a la crianza con apego —ya que yo misma la implemento—, sino de los prejuicios que las propias madres terminamos formando en base conceptos, tomándolos como si estos fueran leyes inquebrantables.

Ahora me voy a decirle a mi hijo —por enésima vez en el día— que es el nene más lindo del mundo. Dudo que por eso crezca creyendo que lo superficial y lo estético es lo más importante. Él va a saber que para una mamá, su hijo siempre va a ser el más hermoso del universo, y que cuando se lo digo, es porque así lo siento.

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Motivos por los cuales dejaría llorar a mi hijo

dejaria-llorarEsta es la lista de los únicos motivos por los cuales dejaría llorando a mi hijo:
-Si no estuviera con él como para consolarlo. Pero esto no me preocupa, porque él sólo se quedaría con personas que no lo dejarían llorar.
-Si estuviera desmayada o inconsciente. Aunque creo que si lo escuchara llorar, me levantaría cual final de Terminator e iría arrastrándome a consolarlo.
-Si alguien me tuviera secuestrada y me mantuviera atada y amordazada. Sin embargo, me veo a mi misma transformándome tipo “Steiner el Magnífico” (personaje de la serie Monster, que hace alusión a Hulk, pero éste es mil veces más interesante), ajusticiando a los malos en cuestión de segundos y yendo a socorrer a mi hijo.
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El monstruo que devoraba miedo

monsterTodavía recuerdo, como si fuera ayer, el día que enfrenté físicamente a mi papá, por primera vez. Él estaba levantando la mano para pegarle a mi mamá, y yo no sé de donde saqué coraje, y por primera vez le sostuve el brazo y le dije:

—No te voy a permitir que le pegues.

Recuerdo la sensación del corazón latiendo tan fuerte, que parecía que me iba a salir expulsado por la boca. También recuerdo que, con diecisiete años, me hice pis encima, cosa que él no notó. 

Mi papá se alimentaba de nuestro miedo. Mientras más miedo le teníamos, más grande se hacía su poder. Yo lo veía como una especie de monstruo de boca enorme, que engullía nuestro temor de un solo bocado, para crecer más y más, hasta volverse enorme. Y yo me sentía pequeña, insignificante, capaz de ser devorada por esa bestia que amenazaba constantemente con hacerlo, y reducir mi existencia a la nada.  Sigue leyendo El monstruo que devoraba miedo

Mis 10 pasos para no reincidir en la “primericez” de ser primeriza

Hola, soy “Mamá Primeriza”, llevo 1880 días siéndolo, y como una ayuda para mí misma, para cuando la vida me de una segunda oportunidad de ser madre, fue que me escribí estos diez pasos para no reincidir en mi propia “primericez” :
1- Eso del amor a primera vista y el instinto desde el minuto cero, es algo que siempre le pasa a las demás. Yo voy a estar muerta de miedo preguntándome si estaré a la altura de ser la madre que ese bebé necesita y dudando si seré capaz de interpretar todas sus necesidades. Calma: es una persona nueva en mi vida, lo iré conociendo de a poco, y el instinto irá brotando a medida que nos conectemos, día a día, minuto a minuto.
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No sientas tanto mamita

no sientas tantoNo sientas tanto «mamita», como te dicen  paternalmente los que te quieren pequeñita y adoctrinada, porque tus sentimientos te conectarán con tu instinto.

No te dejes llevar por tu corazón, no vaya a ser que entonces descubras que vos, al igual que las lobas, también sos una mamífera.

No cargues tanto a tu bebé en brazos, porque terminará acostumbrándose a ellos, y es peligroso andar por la vida sintiéndose querido.

No lo lleves a tu cama, porque debe «aprender» a dormir, aunque se sienta solo y desprotegido.

No le des de mamar cuando llore, debes ponerle horarios. Vivimos en una sociedad moderna que nos exige que desde bebés aprendamos a tener hambre, solo cuando el reloj lo autorice.

No hagas lo que sientas que te deja en paz con vos misma y con tu bebé, debes hacer lo que te dice el pediatra que habla en un canal de televisión.

Dejalo llorar, implementa el tiempo fuera, como recomienda ese libro que tantas ventas tiene. Si lo consolas, es probable que sienta que puede contar con su mamá, y que él también termine conectándose con sus sentimientos. Es cierto, ellos ya están conectados, son cien por ciento sentimiento. Por eso hay que, poco a poco, hacer el trabajo de hormiga de erradicárselos, uno a uno, a base de restricciones.

No sientas tanto mamá. Sé como el reloj que te marca cuando alimentarlo, como el televisor que te dice cuando cargarlo en brazos y el libro que te dice cuanto amor darle. Ellos no tienen sentimientos.

O no. Sé como sientas ser, y siente cuanto quieras sentir, porque puede que al final de todo descubras que en tu naturaleza está el ser mamífera. Y que lo único que debías escuchar, era a tu propio instinto, y que lo único que debías ver, eran los sabios ojos de tu cría.

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Las mamás que crían con apego

revolusión del amor
Artista: Claudia Tremblay

Las mamás que crían con apego no tienen la receta de la perfección y saben que nunca la alcanzarán, pero la buscan incansablemente.

Porque las mamás que buscan criar a sus hijos respetuosamente saben que a veces se equivocan, y también que parte de ser respetuosas es reconocer su error y pedir disculpas.

Porque ellas, sin dudas, creen en el poder de los buenos ejemplos.

Estas mamás no se fían de recetas fáciles ni de fórmulas mágicas, pero saben que todo esfuerzo se justifica cuando se trata de sus hijos.

Se informan, pero por sobre todas las cosas, buscan respuestas dentro de su propia naturaleza mamífera, para tratar de ser cada día mejores. Sigue leyendo Las mamás que crían con apego

¡Cuidado con la secta de la chancleta!

chancletazo De cuando era chica recuerdo el temor profundo de cometer algún error, o romper algo sin querer, porque sabía lo seguramente vendría después: la represalia física.
Algunos más, otros menos, la mayoría de los que tenemos cierta edad, nos criamos con golpes como respuesta a nuestros errores.
Muchos dicen: -a mí me criaron así, y salí bien-. Primero, que uno no es objetivo para decir si salió bien o no, eso debería evaluarlo otra persona. Y segundo, en caso de haber salido bien, no sería “gracias a los golpes”, sino “a pesar de los golpes”.
Sigue leyendo ¡Cuidado con la secta de la chancleta!