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Asperger y situaciones sociales: Detrás del barranco

Cuando era chica existía una colección de libros llamada Elige tu propia aventura. Esta colección tenía la característica de que, a medida que se avanzaba en su lectura, iban apareciendo historias aleatorias, y uno tenía que elegir por cual camino seguir.

Para mí, las situaciones sociales —sobre todo las conversaciones— son como una gran historia en la cual nos enfrentamos, a cada paso, a diferentes aventuras aleatorias, con la característica de que muchas de esas aventuras no son elegidas, sino que son impuestas por los otros participantes.

Algo que me caracteriza es querer anticiparme a cualquier situación y que ninguna me sorprenda: siempre tengo preparada la respuesta para cada una de las múltiples situaciones aleatorias. Es como si quisiera memorizar el libro completo, solo que este tuviera más extensión que el Diccionario de la lengua española.

Entonces me preparo: repaso en mi cabeza cada posibilidad, cada ramificación, mis respuestas a cada una de ellas, las posibles respuestas del otro. Las repaso mientras cocino, las repaso mientras como, las repaso mientras lavo los platos, las repaso durante el día y las repaso durante la madrugada. Y si conversación implica algún tipo de negociación, tengo mi frase de cabecera:

«¿Quién necesita habilidades sociales, existiendo leyes?»

Las convencionalidades sociales son casi imposibles de comprender y anticipar, en cambio las leyes son simples y directas. Por eso, cuando tengo alguna reunión, me encargo de tener bien presentes argumentos basados en leyes. Para una simple reunión, me las aprendo, las llevo completas y las llevo resumidas. Incluso llevo una intimación, por si en el peor de los casos la termino necesitando. Todo eso me da la una sensación de control de las situaciones, lo cual ahuyenta la terrible ansiedad.

Nada del otro mundo… ¿no? Bueno, está bien, lo asumo: debo ser el único prototipo humano que sale con la mochila cargada de leyes e intimaciones, «por si las moscas».

La colección Elige tu propia aventura traía esta advertencia:

elige tu propia aventura advertencia - copia.jpg

Cuando expongo mis elecciones y le cuento a alguien los caminos que pienso seguir en determinada conversación, muchas veces estos son juzgados como potencialmente desastrosos. Pero ni con un cartel de advertencia gigante con luces de neón lograrían convencerme de que no diga algo que tengo planeado decir. Porque, en realidad, no me interesa que el resto sea más sutil en su forma de manifestarse, ni que me adviertan grandes catástrofes si me conduzco del modo que pienso hacerlo. Yo siempre  siento que estoy «pisteando como una campeona».

Si alguno le tocó discutir con un asperger, habrá notado nuestro «encantador» apasionamiento a la hora de defender nuestro punto de vista, y sabrá de qué estoy hablando.

Pero, les cuento algo:

A veces se encuentran personas que nos aceptan, aunque nos conduzcamos por las rutas más solitarias y sinuosas, porque les gusta ese paisaje. Siempre puede haber alguien que elija nuestras formas. Siempre puede haber una Thelma para una Louise.

Y les cuento otro secreto:

Los barrancos sociales tienen muy mala prensa, pero no siempre se sale mal parado de ellos. Algunas personas logran saltarlos, con movimientos de volante arriesgados, esos que muchos advierten que no se deberían hacer, porque son muy peligrosos.

A veces, al otro lado del tan temido barranco, no hay otra cosa que la continuación del camino. Tal vez sea uno aleatorio, por el que la gente prudente no suele conducir. Un camino complicado, un camino incomprendido, pero camino al fin.