Archivo de la categoría: La mar en coche

La maternidad y la falta de apoyos

Luego de tener a mi hijo, entré en el estado de depresión más solitario que pasé en mi vida. No estoy segura de si duró meses o años —me inclino más por lo segundo— ya que, en ese estado, el tiempo se desdibujaba y se extendía, pareciendo interminable.

No fue una depresión post parto causada por las hormonas —que también hicieron lo suyo—, sino que fue la consecuencia directa de tener a un bebé que desde que nació manifestaba muchos síntomas de una enfermedad que —si bien para el resto parecía ser invisible—, para nosotros era asoladora. Sigue leyendo La maternidad y la falta de apoyos

Educar para la diversidad

Estos días me preguntaron sobre cómo se podía abordar con los hijos el tema de su diversidad neurológica, en el momento en que otros niños empiezan a hacer comentarios al respecto. Debe haber estrategias terapéuticas para abordar este tema —de las cuales no estoy en conocimiento, ya que mi niño aún no se hace esas preguntas—, pero más allá de cómo enfrentemos este tema puntual, creo que ninguna estrategia funciona si, en lo cotidiano, no educamos para la diversidad. Sigue leyendo Educar para la diversidad

Típica familia atípica

Mi familia es la típica familia atípica,
de esas que bordean la línea de la normalidad,
sin diferenciar un carril del otro.
Somos ruidosos e inoportunos,
nos reímos de lo que otros entristecería,
y nos entristece lo que a otros divertiría.
En reuniones de adultos,
nos presentamos con y como niños,
aunque de niños, fuimos casi adultos.
Mal aprendimos lo que nos mal enseñaron,
y bien aprendimos lo que bien soñamos.
Nos gusta el sarcasmo e importunar
antes que aceptar lo que nos incomoda de los otros.
Sensibles, insensibles,
sutiles, torpes,
cuerdos, locos,
felices y superados;
contradictorios.
Mi familia es la típica familia atípica,
más de lo que parece
y menos de lo que la vida se merece.

Fuente y autoría: Maternidad Atipica – Por Analia Infante.
La bella imagen es creación de Leandro Lamas – Pintura.

Hoy, al igual que otros los 364 días del año, no es el día de la mujer

Hoy 9 de marzo, al igual que otros 364 días del año, no es el día de la mujer.
Hoy es un día más, de todos los que las mujeres estamos en desventaja de derechos.
Hoy es otro día, de todos los que las mujeres cobramos un sueldo devaluado a comparación de el que cobran los hombres, por el mismo trabajo realizado, y que, por más capacidades que tengamos, menos posibilidad tenemos de escalar posiciones. No, los puestos gerenciales no son para nosotras, que seguimos viendo como nuestros pares hombres avanzan sin límite, mientras a nosotras nos tocan las sobras.
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¡LOS AUTORES DESCONOCIDOS TAMBIÉN TENEMOS DERECHOS!

Quienes me leen, saben quién soy, al menos como autora. Saben que escribo sobre maternidad, asperger, autismo, y sobre alergias alimentarias. Es decir, sobre los temas que me tocan de cerca.

También habrán notado que de mi página no saco ningún provecho económico promocionando ni recomendando ningún producto. No podría mezclar un relato en primera persona sobre crisis sensoriales destinado a  que los padres comprendan lo que viven sus hijos, con un ofrecimiento de «pañales colitas felices».

Intento dar lo mejor de mí —salga como me salga—, y con que sea leído y retribuido tal cual salió, es decir en palabras, me conformo.

También colaboro con otros medios y soy feliz de hacerlo. No puedo ser objetiva con mis textos, yo los parí. Así que el verlos reproducirse, crecer y viajar por el mundo, me llena el corazón. Solo pido una cosa a cambio: que se los reconozca como míos. Parece algo obvio, ¿no? Pero evidentemente no lo es.

Al parecer, los autores desconocidos carecemos de derechos. Cualquiera puede copiar y pegar nuestros textos sin mencionar a su autor o la fuente de donde lo extrajo. Parece que son las reglas del juego: el mismo medio que nos da voz, nos la ultraja.

Pero peor aún, es cuando en medios importantes, editoriales de diarios reconocidos, publican a nivel nacional un texto de un autor desconocido, despojandolo de su única ganancia: el reconocimiento.

Hace unos días descubrí que el diario «El Tiempo de Ecuador» en su revista «La Pluma» publicó como nota principal del día de la madre, un texto mío. Evidentemente el texto les gustó mucho, lo cual podría hincharme de orgullo, si no fuera por el hecho de que no mencionaron en toda la edición a quién pertenece el texto.

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Mi texto en la Revista “La Pluma” del 22/03/16, página 15. Para comprobarlo, ingresar aquí.

No es la primera vez que me pasa, pero este fue el más burdo robo de algo tan mío, que he tenido.

Es muy fácil llegar a mí a través de mis textos: con solo poner una estrofa en un buscador, puede accederse a mi página o a otras que me mencionan. Ese no es un proceso que las editoriales vayan a desconocer, así como el hecho de que todos los autores —por más desconocidos que seamos— tenemos derechos, y así y todo eligen abusar de ellos.

Si me leíste hasta acá y querés apoyarme en este reclamo, te invito a que twittees esta nota etiquetando tanto al diario como a la responsable editora de la revista: @eltiempocuenca  @Margaritatoral , o al menos la compartas.

¡Gracias por leerme y por su apoyo!

Analia Infante

Mi marido no es Brad Pitt

bradPor esas cosas que tiene el facebook, una termina leyendo pavadas que ni le interesan, y hasta se nos meten en la cabeza, como ser, la carta que supuestamente le escribió Brad Pitt a su mujer, cuando ésta estaba deprimida.
Yo no soy Angelina Jolie, ni siquiera me le parezco un poquito. Yo no estoy considerada una de las mujeres más hermosas del mundo, y sin embargo, no hay día que mi marido no me diga lo hermosa que soy para él.
Yo cuando me estreso no bajo de peso, al contrario: como, y como mucho. Así fue que subí más de 15 kilos, y en mi compañero jamás vi otra actitud que no fuera comprensión.
Mi maternidad, con su alta dosis de sobre-exigencia, agotamiento y salir solo a las terapias de mi hijo, llevaron a que mi “look” se base en el pantalón que me queda cómodo (y todavía me entra) agujereado, y el pantalón que me queda cómodo (y todavía me entra) desteñido. Y no hubo una sola vez que eso hiciera la diferencia en nuestra relación.
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No hay nada más natural que morirse…

 

cura-milagrosa Hay personas que, literalmente, están vivas gracias a la capacidad humana de desafiar la naturaleza. Yo y mi hijo, por ejemplo, somos parte de esa elite de “humanos contra-natura”.
Si por la naturaleza fuera, yo me habría muerto de diabetes hace ya varios años, y como si el mensaje no fuera claro, tendría que haber perdido mi embarazo por una enfermedad auto-imnune contra el feto, y como somos tan cabezas duras que nos aferramos a la vida, y utilizamos nuestros artilugios científicos para seguir vivos y, para colmo, traer descendencia con nuestros genes imperfectos, mi hijo tendría que haber muerto al mes de vida, si no fuera porque gracias a la ciencia, pudimos operarlo.

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El monstruo que devoraba miedo

monsterTodavía recuerdo, como si fuera ayer, el día que enfrenté físicamente a mi papá, por primera vez. Él estaba levantando la mano para pegarle a mi mamá, y yo no sé de donde saqué coraje, y por primera vez le sostuve el brazo y le dije:

—No te voy a permitir que le pegues.

Recuerdo la sensación del corazón latiendo tan fuerte, que parecía que me iba a salir expulsado por la boca. También recuerdo que, con diecisiete años, me hice pis encima, cosa que él no notó. 

Mi papá se alimentaba de nuestro miedo. Mientras más miedo le teníamos, más grande se hacía su poder. Yo lo veía como una especie de monstruo de boca enorme, que engullía nuestro temor de un solo bocado, para crecer más y más, hasta volverse enorme. Y yo me sentía pequeña, insignificante, capaz de ser devorada por esa bestia que amenazaba constantemente con hacerlo, y reducir mi existencia a la nada.  Sigue leyendo El monstruo que devoraba miedo

La terrible vergüenza de ser madre de tiempo completo… ¡y para colmo disfrutarlo!

mujer juzgadaCuando una mujer a “cierta edad” no tiene hijos, se la presiona con preguntas de por qué todavía no es madre (dando por hecho que ese es el objetivo principal de toda mujer, su razón de ser). Pero cuando se tiene hijos y se lo disfruta al punto de no interesarte hacer, por el momento, otra cosa, ahí todos se escandalizan.
Resulta que la maternidad debe ser el objetivo de nuestra vida, ¡pero nada de disfrutarlo tanto como para que queramos dedicarle todo nuestro tiempo, eh!
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Bullying-Landia, mi paseo habitual de la infancia

escuelaLa escuela primaria a la que fui era Bullying-Landia, el paraíso de bullying. No era ese acoso de violencia física ni de golpes. No, era ese acoso cotidiano, el de trabajo de hormiga, el que día a día te dice que no sos merecedor de amistades, de reconocimiento, de ser uno de ellos, para ser vos aparte. Y los adultos miraban hacia el costado… ¡Si hasta lo fomentaban! Claro, de manera inconsciente. Sigue leyendo Bullying-Landia, mi paseo habitual de la infancia