Esta jodida sociedad discapacitada

 

Cuando tu hijo recibe un diagnóstico de los catalogados como «discapacidad», inmediatamente comprendés que tendrás todo un camino por recorrer, y que este va a estar influenciado por ese diagnóstico; pero sabés que por tu hijo cualquier esfuerzo vale la pena y, aunque puedas ver todas las capacidades que él tiene, terminás aceptando que rotulen a tu hijo por su discapacidad, hasta esperás conseguir un certificado que te valga de comprobante, si es que eso sirve para que se reconozcan sus derechos.

Pensás: «Necesita amor, tratamientos, terapias —lo que sea que necesite—. El amor nuestro ya lo tiene, el resto lo iremos incorporando». Sabés que no será simple, pero en ese momento —pobre inocente— no te imaginás cuánto. Porque la sociedad, esta jodida sociedad, no te la va a hacer nada fácil.

Como sociedad, ya superamos la etapa en que las personas consideradas «discapacitadas» eran institucionalizadas —por suerte—, y tenemos leyes que deberían garantizar sus derechos, pero el sistema es celoso de los cambios, y las leyes terminan siendo un cascarón vacío.

Porque no importa si cumplís con tu paternidad jornada completa, siempre va a haber algún familiar que te dice que tu hijo no avanza lo suficiente —para su criterio, que bien podría guardárselo— porque no te esforzás como deberías.

Porque siempre te vas a topar con profesionales que deberían ayudarte, pero que a futuro sabrás que solo aportaron una mala experiencia.

Porque siempre te vas a encontrar con trabas por parte de la obra social que, pobrecita, se lamenta de su mala suerte por tener que mantener la cobertura de la salud de tu hijo…. Se me parte el alma, este año ganarán unos pesos menos, entre sus tantos millones.

Porque siempre va a haber algún docente —o la institución completa— que, ante las necesidades de tu hijo, reaccione como si fuera víctima de una exigencia descabellada. ¿Cómo se me ocurre? Perdirle a la institución que incluya a mi hijo como uno más, teniendo en cuenta sus necesidades…

Y los sistemas, que están hechos con el criterio más cínico posible, y que si denuncias a la obra social, su poder y dinero va a prevalecer sobre las necesidades de tu hijo; y si denuncias a la institución educativa, el «acá no pasó nada», va a prevalecer por sobre su inclusión.

Vivís construyendo puentes entre la sociedad y tu hijo, con tus propias manos, pieza a pieza, y la sociedad se encarga de quemarlos, uno a uno. Y vuelta a empezar.

Tu hijo no tiene techo, tu hijo tiene miles de posibilidades, podés verlas, podés sentirlas, solo necesita que le den una oportunidad, que lo acepten. Pero la sociedad, esta jodida sociedad sin capacidad para incluir, sin capacidad para aceptar al diferente, sin capacidad para adaptar lo que haya que adaptar para que haya espacio para todos, esta jodida sociedad es la que le pone techo.

No, mi hijo tiene todo el futuro, todo el mundo por delante, y esta jodida sociedad sin capacidad para incluir, no lo va a expulsar, no lo va a incapacitar; así tenga que construir miles, millones de puentes, pieza por pieza y con mis propias manos.

Anuncios

Un comentario en “Esta jodida sociedad discapacitada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s