El monstruo que devoraba miedo

monsterTodavía recuerdo, como si fuera ayer, el día que enfrenté a mi papá por primera vez. Él estaba levantando la mano para pegarle a mi mamá, y yo no sé de donde saqué coraje, y por primera vez le sostuve el brazo y le dije: -No te voy a permitir que le pegues.Recuerdo la sensación del corazón latiendo tan fuerte, que parecía que me iba a salir expulsado por la boca. También recuerdo que, con 17 años, me hice pis encima. Mi papá se alimentaba de nuestro miedo. Mientras más miedo le teníamos, más grande se hacía su poder. Yo lo veía como una especie de monstruo de boca enorme, que engullía nuestro miedo de un solo bocado, para crecer más y más, hasta volverse enorme. Y yo me sentía pequeña, insignificante, capaz de ser devorada por esa bestia, que amenazaba constantemente con hacerlo, y reducir mi existencia a la nada. 

Para el resto del universo, probablemente él fuera un tipo tímido, medio raro, casi imperceptible. Poca cosa para darse cuenta de lo que era de la puerta para adentro.Pasó su vida simulando ser como cualquier otro, aunque durante todos los años que conviví con él, nunca mostró un sentimiento de empatía hacia nadie ni hacia nada, no era capaz de tener sentimientos ante otros seres, más que odio y envidia. Lo único que lo hacía sentirse vivo, era ejercer su poder psicópata contra nosotras.
Pero ese día lo enfrenté, no importó si estaba muerta de miedo, si me había hecho pis encima y tenía miedo de que cumpliera sus promesas de matarme: esa vez lo enfrenté. Y pude ver en la trasformación de su expresión, por primera vez, el miedo. De repente él no se sentía tan grande y omnipotente, ni yo tan pequeña e insignificante. El día que probablemente él había temido durante toda su vida, había llegado: era el día en que nos daríamos cuenta que no era más que un frustrado y lastimoso ser humano.
Él seguía teniendo cierto poder ante nosotras, ya que no sabíamos hasta que punto estaba realmente dispuesto a matarnos, antes de perder su reinado de terror, pero desde ese día, nunca más nos volvió a pegar. Ese fue el principio del fin, o más bien, el principio de NUESTRO principio.
Tiempo después, mi mamá también se animaría a enfrentarlo, y a decirle que ya no le tenía más miedo, algo impensado durante tantos años.
El monstruo dio sus últimos manotazos de ahogado: cerraba todas las puertas con llaves, ponía candados, nos seguía por la calle. Pero ya era inminente:nosotras nos iríamos de esa casa, y él de nuestras vidas.
Así fue como, casi con lo puesto, re-iniciamos nuestras vidas.
Ésta experiencia en particular me enseñó, que gran parte del poder que tiene el otro sobre nosotros, está basado en la fuerza que nosotros mismos le otorgamos. Y que mi papá no era un ser sobrenatural, ni estaba dotado de ningún poder mágico. Él no era más que un pobre tipo, que nunca supo amar y que quedó tan solo, que se volvió imperceptible para el resto del universo, y la única manera de hacerse notar que encontró fue mediante violencia.
Sobre mi infancia en general aprendí, que los ejemplos siempre nos enseñan, a veces porque merecen ser imitados, y otras veces para darnos cuenta de qué cosas nunca le deberíamos hacer a otra persona. Nadie está destinado a repetir la historia de su infancia, una y otra vez.
Yo de chiquita tenía el sueño de ser parte de una familia cariñosa, en la que el miedo y el odio no existieran. Hoy ese sueño se lo entrego a mi hijo y a mi marido, a quienes tanto amo. Y también se lo entrego a la “yo” de ayer, la que lloraba encerrada en su pieza. A ella le entrego el sueño cumplido, de la familia que siempre quiso tener.

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2 comentarios en “El monstruo que devoraba miedo

  1. Cuanto parecido tiene tu infancia con la mía. Inclusive en el presente y futuro. Muy emotivo poder expresarlo, yo no puedo, inclusive se caen mis lágrimas en este momento de sólo recordar.

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    1. Tengo la suerte de recordar el pasado como si fuera algo externo a mi… Que bueno que hayas podido cambiar es patrón familiar. Inclusive, si uno está convencido de lo mal qu está todo eso, el haber pasado por algo así mas aún te puede empujar a buscar lo contrario para tu hijo. Un abrazo!

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