El puerperio y el derrumbe de las fantasías

mamá y bebé Quería escribir sobre puerperio, y de repente, sentí que no sabía nada al respecto, a pesar de haber pasado por uno.
Definitivamente, no conozco ese puerperio idílico de los anuncios, esos en los que se ve una mamá feliz y radiante, conectada con un invisible pero potente instinto, de esos que pueden sentirse flotando en el ambiente.
El instinto… otro concepto tan subjetivo. Los primeros días de tener a mi bebé en brazos, me preguntaba a donde estaba mi instinto, creía que era algo que nacía junto al hijo, como si en el mismo momento en que una pare un bebé, a su vez pare su instinto maternal. Y si así era (que, por lo que siempre había leído y escuchado, TENÍA que ser así), yo era una madre fallada. Una verdadera atrocidad de madre, que alimentaba a su hijo, lo dormía, lo arrullaba, pero ante el llanto constante no sabía qué le pasaba, probando desesperadamente todo como tanteando a ciegas y sin encontrar respuesta adentro suyo, porque se supone que la respuesta está ahí: en una misma, en SU INSTINTO. 

Con el tiempo entendí que el instinto es una construcción, que crece de a poquito, a medida que nos conectamos con ese ser nuevo en nuestras vidas. O por lo menos, así fue para mí.
Tal vez nos afectó también que un embarazo tan complicado, nos preparó para un bebé muerto, si es que hay manera de prepararse para eso, luego de buscarlo por tanto tiempo, y llevarlo en la panza otro tanto.
Si algo, un mínimo de instinto tuve en los primeros días, se manifestó en hacerme sentir que a mi hijo le pasaba algo, a pesar de los comentarios que me querían hacer pensar que todo lo que vivíamos era “lo normal”.
Y en medio de todo eso, el derrumbe poderoso, implacable, de las hormonas.
¿Hasta donde llega el derrumbe hormonal, y hasta donde llega el derrumbe de nuestras fantasías, sobre cómo de un día para el otro nos transformaríamos en las madres que siempre soñamos ser? No lo sé. Lo único que sé, es haber vivido la intensa sensación de algo adentro mío se desmoronaba: una construcción que luego debería, cuando recobrara las fuerzas, reconstruir ladrillo a ladrillo, pero sobre bases más sólidas, ya no sobre fantasías.
Si hay algo que quisiera poder decirme a mí misma, a la “yo puérpera”, a la “yo partida”, a la “yo derrumbada”, es que el instinto maternal se construye de a poco, y que no solo en base a amor, que muchas veces se construye en base a lágrimas. Se construye sobre felicidad y se construye sobre tristeza.
No sé si existen los puerperios idílicos, si bien a mi no me tocó, hoy tengo la seguridad de que estoy construyendo algo mucho más sólido que cualquier fantasía: MI maternidad.

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