Bullying-Landia, mi paseo habitual de la infancia

escuelaLa escuela primaria a la que fui era Bullying-Landia, el paraíso de bullying. No era ese acoso de violencia física ni de golpes. No, era ese acoso cotidiano, el de trabajo de hormiga, el que día a día te dice que no sos merecedor de amistades, de reconocimiento, de ser uno de ellos, para ser vos aparte. Y los adultos miraban hacia el costado… ¡Si hasta lo fomentaban! Claro, de manera inconsciente.

¿Alguna vez pensaron que cuando en la clase de educación física se permite elegir a los propios alumnos su equipo, siempre dejan para el final a los menos hábiles y menos populares? ¿O que si solo se reconocen ciertas habilidades, siempre van a ser los mismos los reconocidos? Durante los siete años en los que estuve en la escuela primaria, todos los juegos eran deportes con pelota. ¡Auch! Para mí es imposible embocar una pelota en un aro, coordinar correr, atajarla…

Pero recuerdo —no lo voy a olvidar nunca— que una sola vez jugamos a un acertijo, y fui la única que lo adivinó. Esa fue la única vez que me sentí una ganadora en esa escuela.

Yo era buena para muchas cosas —leer, comprender, redactar, inventar historias, gimnasia artística, tejer; mientras los demás chicos jugaban en grupo, yo podía estar tejiendo o leyendo—, pero esa primaria me dijo todos los días que yo era mala para todo lo que para ellos era importante.

Hoy me doy cuenta que el acoso escolar era solo una consecuencia natural de la estructura educativa que proponía esa institución.

Cuando entre los chicos ocurre una situación de bullying, el adulto debe intervenir. Pero por sobre todo, debe intervenirse a sí mismo y preguntarse qué ejemplo estuvo dando. Si los adultos no tuviéramos prejuicios, los chicos no tendrían de donde aprenderlos.

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

 

Anuncios

3 comentarios en “Bullying-Landia, mi paseo habitual de la infancia

  1. Uf, me metiste el dedo en la llaga. En todos los juegos que había que formar equipos me dejaban siempre al final. En esos momentos yo quería que se abra el suelo y me tragara para no tener que pasar una y otra vez por esa tortura psicológica. Incluso recuerdo las caras de decepción del equipo que le tocaba quedarse conmigo. Yo no era buena en ninguna disciplina física ni deportiva por un problema de salud. No era mi culpa, pero lo recuerdo y aún duele.

    Le gusta a 1 persona

      1. No sé si no se dan cuenta, no les interesa o no les importa. Siempre creí que las profesoras de educación física eran intencionalmente crueles.

        Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s