Un mundo de Franks: el asperger y las dificultades en la teoría de la mente

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¿Te imaginás vivir rodeado de personas con máscaras que ocultan sus gestos y expresiones?

Al poco tiempo de recibir mi diagnóstico, me pasó una situación en ese mometo muy dolorosa, que me llevó a sentir como si estuviera rodeada de Franks.
¿Quién es Frank? Es el personaje de una película con su mismo nombre que, por cuestiones que no vienen al caso, lleva una gran cabeza de cartapesta sobre la propia, todo el tiempo: se baña, duerme, come con la cabeza postiza.

Una persona nueva se incorpora a su grupo de amigos y, cuando Frank le pregunta si le resulta muy extraña su costumbre, el nuevo amigo le responde que lo que más se le dificulta es no saber qué expresión tiene Frank, para deducir que está pensando. Por ejemplo, el nuevo amigo compone una canción, y mientras la toca siente ansiedad por no saber si Frank la aprueba o no. A partir de ese momento, Frank resuelve relatar continuamente sus expresiones, por ejemplo: «Sonrisa de satisfacción», «Cejas fruncidas de enojo», «Cara de sorprendido».

Volviendo a lo mío, en ese momento tuve una mala experiencia que afectó a mi hijo de manera directa, de parte de una persona en la que confiaba plenamente y a quien veía casi a diario, y lo peor de la experiencia fue que no pude anticipar en ningún momento que algo así podría pasar. Eso me llevó a pensar que el mundo estaba repleto de Franks, con sus rígidos rostros de cartapesta, interponiéndose entre mi capacidad de ver y sus verdaderos sentimientos. ¿Cómo se puede estar en contacto continuo con una persona y no deducir en ningún momento sus sentimientos negativos?

Me puse a meditar sobre la cantidad de veces en que las personas actúan de manera desacorde a lo que piensan, las veces que quieren decir una cosa y dicen otra, y todas las ocasiones en las que esconden sus verdaderos pensamientos. Me sentí traicionada en mis sentimientos y en mi credulidad por pensar que las personas eran transparentes y, lo que es peor, propensa a seguir siéndolo, porque si mirando a la cara a una persona que se supone que conozco, no logro ver sus sentimientos e intenciones, ¿qué me asegura que lo mismo no me puede llegar a ocurrir con cualquier otra persona que aprecie?

Me pregunté: ¿por qué cuesta tanto ser trasparentes?, ¿Por qué molesta la persona que habla de frente?

En nuestra sociedad, el que está mal, es el que dice las cosas por su nombre; el que habla de manera directa, es desconsiderado; el que no le habla a personas a las personas que no aprecia —como, confieso, hago—, tiene mutismo selectivo; porque el actuar con las personas acorde a tus sentimientos, es «patológico», pero el que se sienta a comer en la mesa de la persona a la que no quiere, y tiene conversaciones triviales, es el «normal».

Hay cosas de mi condición que no me gustan, como el no captar algunos pensamientos negativos del otro, o como cuando no noto que alguien que quiero me necesita o, lo que es peor, cuando me lo dice y no sé actuar acorde a su necesidad. Pero hay algunas cosas en las que siento que no soy yo la que debería cambiar, como en el hablar las cosas de frente, el no decir algo que no siento y el actuar acorde a mis sentimientos.

Y al final de todo este proceso de dudas y replanteos, me encuentro con mi familia y mis amigos, los que me recuerdan que hay personas de todo tipo: las que aprecian la sinceridad y son sinceras aunque cueste; las que ven más allá de los modos toscos, logrando ver mis sentimientos y mostrando sinceramente los propios; las que saben que para contar conmigo de mi modo particular, solo deben poner en palabras su deseo. Ellos son mis Franks, diciéndome: «Sonrisa de satisfacción», «Cejas fruncidas de enojo», «Cara de sorprendido»…

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3 comentarios en “Un mundo de Franks: el asperger y las dificultades en la teoría de la mente

  1. Siempre me sucede, hasta con las personas más cercanas a mí, creo que ahora no confío en nadie, no tengo amigos, pero no me molesta. Estoy consciente de los defectos de las personas que quiero y ellas de los míos, así nos aceptamos, y se en lo que no debo fiarme de ellos.

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