Seis reglas básicas para mi crianza respetuosa

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1) Todos los tiempos son largos, no poner fechas de vencimiento: Nada ocurre de la noche a la mañana, ni en ningún otro plazo que yo estipule.
Aprendizajes, hábitos, avances, se dan en sus propios tiempos. El poner plazos me traerá frustración, pérdida de la paciencia, y enojo. La crianza no es un negocio de comida rápida, si no quiero resultados chatarra, no debo esperar que existan soluciones rápidas.
2) Un hijo no es un potus, por lo tanto, no solo demanda que cubra sus necesidades básicas. Los chicos reclaman por atención, afecto, tiempo. La que eligió tener un hijo en lugar de un potus, fui yo. No importa lo cansada u ocupada que esté, él siempre necesitará de mi atención. A veces reclamará llorando, otras gritando, menos mal… si los potus que tuve hubieran podido hacer lo mismo, no se me hubieran marchitado (prueba de que la naturaleza por algo les da a los niños necesidad de atención y capacidad para expresarlo).
3) Nada se hace “porque yo lo digo”. Si quiero que mi hijo sea un ser pensante, que el día de mañana se desarrolle en la vida con ideas y motivaciones propias, no debo criar a un ser sumiso y doblegado. Eso no quiere decir que él hará lo que quiera aunque no tenga edad para tener conciencia de las consecuencias, solo quiere decir que debo ser respetuosa con su necesidad de explicaciones.
4) Todo lo que le preocupa, es importante.
Recuerdo que cuando era adolescente mi mamá me decía que todo lo que en ese momento me entristecía, cuando creciera sentiría que era una pavada. Hoy soy grande, y no puedo estar más en desacuerdo: el motivo tal vez sea anecdótico, pero cómo yo lo acompañe a mi hijo en su preocupación, es lo que queda para toda la vida.
5) Los chicos aprenden equivocándose, los grandes también.
Mi hijo va a romper cosas sin querer, hacer lo contrario a lo que le digo, responderme mal, no una cantidad determinada de veces, sino durante toda su vida. Y, para ser sincera, yo también muchas veces rompo cosas sin querer, hago lo contrario a lo que me dicen y respondo mal; aunque mi mamá pasó toda mi infancia intentando erradicar esas conductas. Así que si hijo sale un poco a mí, lo menos que puedo hacer es tenerle paciencia.
6) Algunas veces el agotamiento me llevará de dudar o romper con alguna de mis propias reglas. En ese caso: enfriar la cabeza, re-leerlas y recordar que mi hijo tiene sus propios tiempos, y eso no mide su esfuerzo; que él solo busca mi amor y mi afecto, porque su universo gira en torno a eso.
Ahora necesita que le explique como se maneja el mundo, aunque el día de mañana se dará cuenta que mamá no es perfecta y cuestionará con argumentos válidos mis afirmaciones, pero hoy confía en mí por sobre todas las cosas. Él necesita que para mí todo lo que le pase sea importante, porque si yo no le enseño a transitar sus emociones, nunca lo aprenderá.
A veces, como mamá yo también puedo equivocarme. Lo importante siempre es aprender de los errores.

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